Por las sendas del vino madrileño

03/05/2018
Artículo publicado originalmente por El País el pasado 27/04/2018

Hasta no hace mucho, Madrid chateaba con valdepeñas, la producción vinícola era escasa y las tabernas importaban los caldos de Ciudad Real. Ahora la región produce más de cuatro millones de botellas al año y elabora vinos de mayor calidad. A pesar de que el consumo por persona ha disminuido notablemente, el enoturismo es un sector en auge: las bodegas promocionan sus caldos y los visitantes disfrutan y conocen el patrimonio de los municipios productores.

“El vino ha perdido su dimensión nutricional y empieza a valorarse como un fenómeno cultural, por eso es bueno vincularlo a la geografía”, explica Carlos Delgado, crítico enológico. En la Comunidad existen tres zonas productoras diferenciadas: San Martín de Valdeiglesias, Navalcarnero y Arganda. La región cuenta con su propia denominación de origen desde 1990, pero Delgado sostiene que “no existe el vino de Madrid”. En su opinión, se trata de “una decisión política que surge con el impulso autonómico y la necesidad de singularizarse”. Para conseguirlo, el consejo regulador y el gobierno regional decidieron crear en 2016 un programa enoturístico.

En el proyecto participan actualmente 19 de las 51 bodegas con denominación de origen. Ofrecen visitas, talleres, catas y actividades de ocio para toda la familia, principalmente los fines de semana. Vinculan el vino con la gastronomía y la historia de sus municipios, que recorren a través de seis itinerarios culturales sin señalizar. “Las rutas son una excusa. La gente visita las bodegas y luego se queda en los pueblos haciendo turismo”, señala Sonia Rodríguez, técnica de Madrid Enoturismo. El primer itinerario es el de La llegada del Imperio Romano, que inundó de viñedos el paisaje de toda la península Ibérica en el siglo I.

Alcalá de Henares, la antigua Complutum, marca el punto de partida de una ruta que finaliza en Titulcia. Los aficionados al vino están obligados a detenerse en las bodegas V de Valmores, en Nuevo Baztán, y Tagonius, en Tielmes. El segundo recorrido es el del Valle de las iglesias. La Reconquista atrajo a nuevos colonos hasta las tierras abandonadas por los musulmanes, que extendieron las cepas, ya que el vino era, y sigue siendo, un elemento clave en la liturgia cristiana. La Orden del Císter eligió San Martín de Valdeiglesias para desarrollar las técnicas que aún hoy sirven de base para la elaboración de los caldos madrileños. Como no, los religiosos también dejaron un reguero de ermitas.

La ruta comienza en Pelayos de la Presa y finaliza en Villa del Prado. Por el camino se localizan las bodegas Aumesquet Garrido, Virgen de La Poveda, Cristo del Humilladero, Alberto Ayuso y Las Moradas. “Nuestro objetivo es que la gente entienda la cultura del vino”, subraya Alejandro Carreras, enólogo de Las Moradas. Esta bodega ofrece visitas toda la semana por 10 euros. El precio incluye conocer viñedo y bodega, explicaciones sobre el proceso de elaboración y una cata. A lo largo del año, dependiendo de la estación, organiza talleres de poda y de vendimia y, para los más pequeños, cursos de mosto y de interpretación del territorio.

En Cadalso de los Vidrios se ubica la bodega de Alberto Ayuso, para quien el enoturismo es una parte “muy importante” de su negocio. Cuenta con una amplia oferta de actividades que va desde la simple visita a la bodega por 10 euros (incluye cata de tres vinos) hasta un paseo a caballo (solo disponible los sábados) por el valle de las Tórtolas. El precio es de 50 euros, que se amplían a 65 si se añade el almuerzo en un restaurante de la zona. Existe también la opción de contratar una excursión por el municipio, con numerosos restos medievales y el renacentista Palacio de Villena. Los niños pueden disfrutar en un parque de juegos que incluye tirolina y tiro con arco.

Elaboración tradicional

El tercer itinerario es el del Tajo y los vinos de la orden de Santiago, que hizo florecer los viñedos que el rey Alfonso VIII le ofreció como pago de favor en la Reconquista. El trayecto se inicia en Villarejo de Salvanés y concluye en Castillo de Oreja. Aquí se hallan las bodegas de Pedro García, Peral, Jesús Díaz y Andrés Morate, abierta a diferentes modalidades de enoturismo: desde un picnic en el viñedo a un paseo en burro. La cuarta ruta, Camino de reyes, se prolonga desde Navalcarnero hasta Aranjuez. En este itinerario se encuentran las bodegas Viñas El Regajal, Cortijo de Carlos III y Muñoz Martín que, además de dar a conocer la bodega, ofrece la oportunidad de visitar su Museo del vino, localizado en el interior de una cueva de Navalcarnero que se empleaba para conservar los caldos, indica Rosa Benito, una empleada.

Escenas y crónicas de Goya es el nombre que recibe la quinta ruta. El pintor fue un extraordinario cronista de su época y, como tal, plasmó con maestría el mundo del vino. El trayecto comienza en la vega del Jarama y termina en Valdelaguna previo paso por Villaconejos y Chinchón. En la zona se localizan los productores Pablo Morate, Señorío del Val Azul y Licinia, una bodega de Morata de Tajuña que ofrece visitas de lunes a viernes por 12 euros. El enólogo Óscar García explica que el precio asciende a 18 si incluye los viñedos, que están en Chinchón y son vigilados desde una colina por el castillo de Cassasola, una fortificación del siglo XV. En Chinchón también se encuentra la bodega más antigua de la región, Del Nero. Fundada en 1870, hace tres años que está dirigida por la quinta generación familiar.

Roberto López del Nero celebra que, en un año, más de 4.000 personas han visitado su bodega, “la única que produce vinos de forma tradicional” gracias a unas enormes tinajas de barro que “transpiran y hacen evolucionar a los caldos”. Ofrece visitas con cata por seis euros y afirma que las rutas le ayudan a promocionar su bodega. No opina lo mismo Maite Maestre, gerente de Marañones, una bodega de Pelayos que, como otras, abandonó el proyecto porque “cambiaron las personas que lo gestionaban”. Ahora organizan sus propias visitas y actividades. El sexto itinerario es el de Los tiempos del ferrocarril, un reconocimiento al esperanzador proyecto que supuso el tren para las villas productoras en la segunda mitad del siglo XIX. La ruta se prolonga desde la capital hasta Pozuelo del Rey pasando por Tielmes y Arganda, donde se encuentra la Bodega Vinícola de Arganda.

PARADAS PARA UNA RUTA ENOTURÍSTICA

Alberto Ayuso (Cadalso de los Vidrios). Bodega de autor basada en la experiencia y los valores de los vinos en la confluencia de las sierras de Guadarrama y Gredos. www.bodegaalbertoayuso.es

Andrés Morate (Belmonte del Tajo). Pequeña bodega familiar rodeada de pagos de vino, con una producción 100% ecológica certificada. www.andresmorate.com

Las Moradas (San Martín de Valdeiglesias). Bodega inspirada en la vieja tradición y situada en el paraje de Pago de los Castillejos. lasmoradasdesanmartin.es

Muñoz Martín (Navalcarnero). El sabor de la tradición de los vinos típicos de Madrid en una bodega urbana en la que conviven lo innovador y lo tradicional. www.bodegasmunozmartin.com

Bodega del Nero (Chinchón). Situada en el corazón de la comarca de Las Vegas, es la más antigua de la región. bodegadelnero.com

Licinia (Morata de Tajuña). Bodega creada en 2005 gracias a la pasión de la familia Algora. Elabora un único vino de mucha persistencia y sabor afrutado. www.bodegaslicinia.com

Tagonius (Tielmes). Un enólogo decide cada año la madera más idónea para construir las barricas en las que se completa la elaboración de sus vinos. www.tagonius.com

Real Cortijo de Carlos III (Aranjuez). Bodega subterránea diseñada por Marquet, arquitecto de Carlos III, y construida en 1782. https://realcortijo.com/

Pablo Morate (Valdelaguna). Bodega fundada en 1873, conjuga tradición y modernidad. Su Casa Grande, edificio del siglo XV, alberga un museo del vino. www.bodegasmorate.com