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Escenas y crónicas de Francisco de Goya

Goya, uno de nuestros pintores más universales, plasmó con maestría tanto el trabajo y el recreo del vino, como la historia de las tierras que lo elaboraban.

Francisco de Goya, además de pintor extraordinario, capaz de intuir nuevas vías de expresión, fue cronista de su tiempo con una extensa producción artística que bien merecería la definición de documento vivo de los acontecimientos e ideas de una época. Nació en el año 1746, en Fuendetodos, localidad de la provincia de Zaragoza, hijo de un dorador de origen vasco, José, y de una labriega hidalga llamada Gracia Lucientes. Avecinada la familia en la capital zaragozana, entró a aprender el oficio de pintor en el taller de José Luzán, donde estuvo cuatro años hasta que decidió establecerse por su cuenta y, según escribiría más tarde, «pintar de mi invención».

A medida pasaban los años de su longeva vida, este «pintar de mi invención» se hizo más acentuado, pues sin desatender los bien remunerados encargos que le permitieron una existencia desahogada, Goya dibujó e hizo imprimir series de imágenes insólitas, cuyo sentido último, a menudo ambiguo, corresponde a una fantasía personalísima y a un compromiso ideológico, afín a los principios de la Ilustración, que fueron motores de una incansable sátira de las costumbres de entonces.

La Guerra de la Independencia hizo virar sus producciones desde escenas costumbristas a otras más patrióticas e históricas donde manifiesta su visión menos heroica de la contienda. Tras el regreso de Fernando VII, su condición de liberal y el apoyo a la Constitución le procuraron una acusación de afrancesado, y aunque llegó a pintar para el monarca, finalmente en 1823 se retira a Francia, donde continuó pintando hasta su fallecimiento en 1828.

Inicio de ruta: Vega del Jarama

El Tajo y dos de sus afluentes, el Jarama y el Tajuña, dan vida y riqueza a los 23 municipios que componen la conocida como «Comarca de Las Vegas», al sureste de la Comunidad de Madrid. Una zona cuyas fértiles tierras han determinado la marcada tradición agrícola que todavía se mantiene en la actualidad. Nuestro camino se inicia precisamente en la vega del Jarama, en las tierras que hoy se integran en el Parque Regional del Sureste, creado en 1994 con el objetivo de recuperar y proteger el ecosistema del entorno.

El río Jarama, que nace en Peña Cebollera en los Montes Carpetanos, junto al Hayedo de Montejo, y que tras recorrer más de 160 kilómetros desemboca en el Tajo, cerca de Aranjuez, tiene como tributatarios, por el Este el Heranes, el Jaramilla y el Tajuña, y por el Oeste el Guadaliz, el Lozoya y el Manzares —a este último y a sus aguas, Francisco de Goya dedicaría, si bien no como tema principal sí como escenario, muchas de las escenas de sus cartones—. Desde esta vega del Jarama iniciamos nuestro camino.

Trayecto: Vega del Jarama—Villaconejos

El paisaje que dejamos a nuestro paso se asocia directamente a los ríos que surcan la comarca, una vegetación específica en la que reinan los olmos, y los sauces, los álamos y los chopos, y que forma parte del corredor biológico que atraviesa de norte a sur la Comunidad de Madrid jugando un papel fundamental en su equilibrio biológico.

Pero en poco más de 11 kilómetros encontraremos nuestro siguiente destino, Villaconejos.

Parada: Villaconejos

Antes de continuar nuestra ruta debemos hacer una parada en Villaconejos. La villa perteneciera al Sexmo de Valdemoro hasta 1834, año en que pasó a formar parte del Partido Judicial de Chinchón. La localidad ha dado su apellido al sabroso melón autóctono, por lo que recomendamos realizar una visita al Museo del Melón, donde se exponen curiosas fotos y objetos relacionados con el voluminosa fruto. Acerca de cómo llegaría a estas tierras, existe la leyenda popular de que fuera un soldado quien trajera, en su retorno de tierras africanas, las primeras semillas envueltas en saco de tela; cierta o no, lo cierto es que eran ya conocidos desde finales del siglo xvi y principios xvii.

Además de saborear la afamada fruta, no debiéramos continuar nuestra ruta sin visitar antes la Iglesia Parroquial de San Nicolás de Bari, el edificio más antiguo del pueblo —del siglo xvi—, o la Ermita de San Isidro, cuyos orígenes relativamente recientes —del año 1968— tienen que ver con las intenciones de 2 vecinos que cedieran sus terrenos con el fin de construir un lugar en el albergar la imagen de San Isidro en memoria del patrón de los agricultores —y el que Goya le dedicara la numerosas obras como La feria de San Isidro—.

Recomendamos igualmente hacer un pequeño desvío en el trazado de nuestra ruta: saldremos de Villaconejos por la calle del Calvario y seguiremos por una pista de tierra que, a 300 metros justos, nos sorprenderá con la Cueva del Fraile: se trata de una excavación hecha en un pequeño montículo, con 19 arcos de medio punto, respiraderos en forma de chimenea y las paredes revestidas de yeso. Su puerta está enmarcada con dos pilares de piedra de Colmenar de Oreja y sobre ellos una piedra frontal con escudo heráldico en el centro formado por tres estrellas en relieve de ocho puntas cada una. Al lado aparece lo que podría ser su «partida de nacimiento», una inscripción que versa «año 1734». La Cueva del Fraile fue usada durante la Guerra Civil como Refugio y posteriormente estaría destinada, según cuentan los lugareños, para la conservación de vino.

Trayecto Villaconejos—Chinchón

A la salida de Villaconejos, los escasos 7 kilómetros que nos separan de Chinchón nos muestran como la agricultura es la pieza angular de la economía de esta comarca de Las Vegas: los campos de melones van quedando atrás y son sustituidos por las viñas y los olivares. Podemos intuir la estructura de distribución que nos permitirá acudir a cualquiera de los mercados nacionales y encontrar la mejor calidad de estos productos agrícolas.

Parada: Chinchón

Aparte del espectáculo de la Plaza Mayor —con 234 balcones de madera llamados «claros»— y los mesones que abren las puertas en sus soportales, el callejeo por esta localidad, nos deparará gratas sorpresas que nos hablarán de su misma historia.

A principios del siglo xviii, Chinchón se había convertido en uno de los escenarios más importantes del momento. Durante la Guerra de Sucesión, el pueblo fue fiel a Felipe V, recibiendo el Rey numerosas armas para ser empleadas en dicho conflicto y negándose a facilitar trigo para las tropas del Archiduque Carlos. El 25 de Febrero de 1706 pernocta en la casa que hoy es conocida como Casa de la Cadena —la colocación y la posterior conservación de una cadena era signo de la pernocta de un rey en una casa—. El 3 de agosto del mismo año, Felipe V era aclamado Rey en la Plaza Mayor de la Villa.

Pero tan sólo ocho días después, Chinchón sería expoliado y saqueado por las tropas enemigas al mando del Archiduque Carlos, quien estaría alojado entonces en el Convento de San Agustín, actual Parador de Turismo. Felipe V nunca olvidó la lealtad demostrada por la villa durante la guerra: en ese momento el Condado de Chinchón pertenecía a su hijo, el Infante Felipe de Borbón y Farnesio, y en 1739 el Rey determinó otorgarle el título de «La muy noble y muy leal» que aparece como inscripción en el escudo de armas de la ciudad.

En 1761 el Infante vende el Condado a su hermano, Don Luis Antonio Jaime de Borbón, quién renunciando al sacerdocio y al Arzobispado de Toledo, contrajo matrimonio en 1778 con Doña María Teresa de Vallábriga. Por este matrimonio se le prohibió el uso del apellido Borbón y Carlos IV decide ocuparse de la educación de su hijo, Luis María de Borbón, y sus hermanas.

Don Luis recibió sacerdocio en 1799, siendo posteriormente Arzobispo de Sevilla y Toledo y renunciando al Condado a favor de su hermana, María Teresa de Borbón y Villábriga, la famosa Condesa de Chinchón que recobró todos sus títulos y el apellido Borbón tras su matrimonio con Godoy en 1797. Esta, conocida y apreciada por Goya desde la infancia, será retratada por éste en varias ocasiones.

Y es que el Don Luis María de Borbón fue un gran protector de Goya y gracias a él, Camilo, hermano de Goya, fue que pudo convertir en el capellán de la Iglesia Nuestra Señora de la Asunción —antiguamente Nuestra Señora de la Piedad—. Por ese motivo tras el incendio de la parroquia durante la Guerra de la Independencia, Goya, a petición de su hermano Camilo pinta el cuadro Nuestra Señora de la Asunción para paliar los destrozos sufridos en el interior del sagrado edificio. Hoy en día puede ser contemplado en el retablo del Altar Mayor.

Durante la misma Guerra de la Independencia, el 27 de Diciembre de 1808, cuatro soldados franceses mueren en Chinchón a manos de las gentes del pueblo. Dos días después las tropas francesas asaltan la villa, y durante los tres días de asedio, causan la muerte a 86 vecinos y los que no fueron ejecutados encontraron fin de camino a Aranjuez. Goya al pasar largas temporadas en la villa sería testigo directo de la masacre, la cual quedaría representada en el reverso del dibujo número 37 de su serie Desastres de la Guerra, donde escribiría «El de Chinchón».

Pero Chinchón no es sólo conocido por todas estás razones de carácter histórico y cultural, sino que también lo es por sus sabores: callejear por la villa significará también estar dispuestos a encontrar con los comercios tradicionales de ajo y anís —único en España con Denominación Geográfica y cuya extraordinaria calidad le ha hecho merecedor de importantes condecoraciones internacionales como la Medalla de Oro en la Exposición Universal celebrada en Chicago en 1893—.

Trayecto: Chinchón—Valdelaguna

Abandonamos Chichón en dirección a Valdelaguna, que aunque será un trayecto corto nos dará cuenta nuevamente de la fertilidad de la Comarca de Las Vegas: campos de olivos milenarios reinan en el paisaje, y, muy especialmente aquellos de producción del ajo fino y blanco de Chinchón, que suelen sembrarse en diciembre, recolectarse durante el verano para terminar pasando por diversos y sabios procesos de secado, limpieza y selección.

Más pronto que tarde nos sorprende la vista de nuestro siguiente destino y final de ruta, con un casco urbano que extiende sobre dos cerros que concurren en su calle principal.

Fin de ruta: Valdelaguna

Según nos cuenta su blasón, Valdelaguna perteneció al Sexmo del Tajuña, que en 1480 fuera segregado por los Reyes Católicos para entregarlo al Señorío de los Marqueses de Montoya, Don Andrés Cabrera Cabrera y Doña Beatriz de Boadilla y posteriormente pasaría a ser parte del Condado de Chinchón. Igualmente y por sus característica situación, fue escenario fundamental de las principales contiendas que nuestros últimos siglos de historia han vivido, especialmente la Guerra de Sucesión y la Guerra Civil Española, además de ser centro de operación en los tiempos de la invasión francesa.

Muchos son los lugares de interés que podrán visitarse. Especial mención debe de hacerse de la Iglesia Parroquial nuestra Señora de la Asunción, que construida sobre un camposanto, nos ofrece en el ábside de su nave principal un altar con pintaras murales datadas del siglo xv que fueran descubierta en la última reforma del templo.

Por otra lado, los conocidos Lavaderos Municipales, harán las delicias de nuestros paseos, pudiendo recordar los modos de vida de antaño: antiguamente, este lugar era sitio de reunión para las mujeres que acudían a lavar la ropa de lo que da fe una inscripción de 1956 que encontramos una de sus cabeceras, «el trabajo dignifica a la mujer». A ellas, las lavanderas, hiciera Goya su particular homenaje en el cartón para tapiz titulado Las lavanderas (1779–80).

Por último, y tras previo paso por la Casa del Cura, la Casa Grande, la Prensa de Vino —utilizada en su tiempo para extraer el mosto de las uvas que posteriormente fermentaba en las tinajas de barro y que recuerdan que Valdelaguna es municipio de tradición vinícola— o el Molino del Empiedro, si el tiempo lo permite podremos caminar hasta la Peña Huevera, donde sin duda disfrutaremos de las espectaculares vistas —de hecho, es este el punto de origen de la Ruta de la Vega cuya trazado podremos divisar desde aquí mismo—.

Itinerario 5

Vega del Jarama—Villaconejos
Calle Carretera de Madrid
11,2 km | 13 min

Villaconejos— Chinchón
M-305
7,2 km | 9 min

Chinchón—Valdelaguna
Carretera de Valdelaguna & Calle de los Cerezos
5,5 km | 10 min


Localidades: Villaconejos, Chinchón, Valdelaguna.
Bodegas: Bodega Señorío de Val Azul, Bodegas Pablo Morate
Museo del Vino
Distancia: 40,4 km | 35 min.
Longitud: 26,7 km