RUTAS CULTURALES MADRID ENOTURISMO

El valle de las iglesias y el legado del Císter

San Martín de Valdeiglesias fue el lugar elegido por la Orden del Císter para desarrollar técnicas que son hoy la base de la elaboración de los caldos madrileños.

La abstemia islámica hizo mella en el viñedo español que, aunque no desaparecería tampoco presentaría evolución alguna durante los tiempos de dominación árabe. Por fortuna, al igual que otras regiones europeas, España pudo avivar su tradición vinícola durante la Edad Media con la inestimable ayuda de la religión. La Reconquista terminaría de ayudar involuntariamente al vino con la migración de colonos a las tierras yermas y abandonadas por los musulmanes. Y dado que el vino era un elemento clave de la liturgia cristina, éstas se salpicaron con nuevas extensiones de viñas.

En la actual Comunidad de Madrid, fue precisamente una orden religiosa, la del Císter, la que recuperaría las labores del vino. El origen lo encontramos en doce eremitorios situados en el entonces denominado «Valle de las Iglesias» y que serían unificados bajo la Orden de San Benito, con obediencia al abad del Monasterio de Santa María la Real de Valleiglesias en Pelayos de la Presa, según el tumbo que allí se conserva. En el mismo se atestigua que el rey Alfonso VII, conocedor de la santidad de los eremitas, otorgó en 1148 la ampliación de la heredad sobre terrenos y bienes circundantes a perpetuidad. Años más tarde, en 1177, mandaría traer a los monjes del Monasterio de la Santa Espina de Valladolid incorporándolo a la Orden del Císter.

Los monjes fueron efectivamente los colonizadores del valle y fundaron la villa de San Martín para que en ella vivieran los nuevos pobladores y otros servidores del centro monacal. Aprendieron entonces la ciencia del vino de sus fundadores, los hermanos de la Orden procedentes La Espina.

Inicio de ruta: Pelayos de la Presa

Pelayos de la Presa es el inicio de esta ruta, una localidad bien conocida por los madrileños por situarse en las inmediaciones del Pantano de San Juan. Y es aquí donde nos encontramos con el primer motivo para comenzar nuestro camino: el antiguo monasterio de Santa María la Real de Valdeiglesias. Sus orígenes se remontan, según la tradición, a la época de los reyes godos, cuando la vida eremítica del Valle del Alberche era ciertamente intensa. En 1150 el emperador Alfonso VII, otorgó un Privilegio Real por el que se quedaban agrupados los eremitorios en el de Santa Cruz, y se constituía una única comunidad sometida a la autoridad de un abad bajo la Regla de San Benito. En 177 el monasterio fue incorporado a la Orden del Cister bajo los auspicios de Alfonso VIII, «El de Navas», bajo cuya disciplina permanecería hasta que la Ley de Desamortización de Mendizábal (1835) obligó a los monjes a abandonarlo definitivamente. Actualmente conserva su fachada renacentista —de finales del xvi—, los muros exteriores y el claustro cisterciense.

Otro de los templos que se recomienda visitar es la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de la Asunción, en cuyo entorno quedan restos de siluetas rupestres talladas en la roca como vestigios de asentamientos mucho más antiguos.

Bodegas: hay una bodega de la D.O. Vinos de Madrid, aunque por el momento no se encuentra adscrita a Madrid Rutas del Vino.

Trayecto Pelayos de la Presa—San Martín de Valdeiglesias

Elegimos una ruta indirecta para cruzar uno de los pinares más bellos de la zona. La carretera es estrecha y sinuosa, de las que apenas se utilizan hoy en día. Las laderas con fuerte pendiente nos llevan a lo alto de un monte, donde nos encontraremos un desvío sin asfaltar que da acceso a Las Moradas de San Martín, que junto a Valleyglesias, es una de las dos bodegas que podemos visitar antes de llegar a nuestra siguiente parada y municipio al que está adscrito, San Martín de Valdeiglesias.

Parada San Martín de Valdeiglesias

La Iglesia Parroquial de San Martín de Tours comenzó a construirse en el siglo xvi bajo la dirección de Juan de Herrera, aunque el proyecto no llegó a terminarse. Posteriormente, y a causa de una denuncia de los habitantes que acusaban del abandono a los perceptores de los diezmos, se reinicia una nueva fase de su construcción: el Consejo de Castilla obligó a los nobles a costear la iglesia que hoy vemos en pie. Reseñable es su retablo barroco con un lienzo con el Santo titular como protagonista.

Otras edificaciones religiosas que dan cuanta del importante pasado que como centro eremítico tuvieran estas tierras, son la del Ecce Homo, del siglo xv, la del Rosario del XVI, la de la Salud, del XVII, o la de la Sangre, del XIII pero que lleva su nombre debido a los cruentos enfrentamientos que tuvieran lugar en la centuria del XVI entre los ejércitos de los Duques del Infantado y el pueblo de San Martín quienes se negaban a su sometimiento.

Igualmente se conservan algunas antiguas moradas como las popularmente llamadas «de las Dos Puertas» o «de la Santa», en la que según la tradición se hospedó Santa Teresa de Jesús.
Pero no podemos abandonar el lugar sin visitar su monumento más emblemático: el Castillo de la Coracera. Terminada de erigir por Don Álvaro de Luna en 1434, la fortaleza se rodea de gruesas murallas que esconden en su interior un patio de armas que da acceso a la capilla de fachada renacentista. Aunque sería arrasado por las tropas francesa durante la Guerra de Independencia, todavía se conservan en una barbacana con un torreón almenado a modo de albarrana desde la que se accedía al castillo mediante un puente levadizo.

Si las dos primeras de sus bodegas las encontramos en el camino a la localidad, rumbo a Cadalso de los Vidrios, nuestra siguiente parada, podemos visitar la de Bernabeleva.

Trayecto San Martín de Valdeiglesias—Cadalso de los Vidrios

Tomamos la carretera M-403 y nada más cruzar la frontera de la Comunidad de Madrid el desvío a la izquierda indicado como Arenas de San Pedro. Nos encontramos en la provincia de Ávila y a pocos metros nos detendremos para contemplar uno de las mejores manifestaciones artísticas prerromanas de la Península, los Toros de Guisando. Creados por el pueblo de los vetones, el fin por el que serían creados entre los siglos ii y i a.C. no ha sido todavía dilucidado —algunas fuentes apuntan a tanto un carácter mágico-religiosas como de protección del ganado o delimitadores de las zonas de pasto—. Lo que sí parece más probable, según inscripción latina en una de las figuras, es que la reunión como conjunto conmemorativo tendría lugar en tiempos de dominación romana.

Parada Cadalso de los Vidrios

La localidad nos sorprende un lugar posiblemente desconocido para muchos: el Palacio de la Villena del siglo xv. Catalogado junto a sus jardines como Bien de Interés Cultural, fue lugar de recreo de Don Álvaro de Luna. Habitado por Isabel la Católica siendo niña, Carlos I, Felipe II y Carlos III, fue precisamente a este último al que se le debe la industria del vidrio que mandó establecer allí y que terminaría dando nombre a la villa.

Frente al bastión palaciego podemos detenernos en la fuente de origen musulmán de los Álamos, un antiguo manantial en roca viva.

Trayecto Cadalso de los Vidrios a Cenicientos

El camino entre ambas localidades es breve, con viñas sobre laderas graníticas que le confieren a sus caldos cualidades diferenciales respecto al resto de subzonas de producción. La orografía de montes y valles produce notables diferencias entre las colinas según su orientación.

Parada Cenicientos

Cruzaremos primero la localidad antes de detenernos posteriormente en su núcleo habitado siguiendo por la carretera M-544 dirección Este. Antes de llegar al desvío de la M-542, en la frontera de la Comunidad de Madrid con la de Castilla La Mancha, dejaremos el vehículo para recorrer un breve un camino hasta encontrar el monolito granítico conocido como «Piedra Escrita». En ella se aprecia una escena con tres personajes ataviados con ropas talares romanas y dos siluetas de animales que bien pudieran corresponder a bóvido y un óvido o caprido echados; a la izquierda un inscripción: «a[nimo] l[ibens] s[olvit votum] • sisc[inius?] q[uietus?], –uart[us?] dianae», una dedicatoria votiva a la diosa Diana que hace suponer sería un oratorio rupestre romano.

Volviendo por el camino nos detenemos en la localidad para visitar la Iglesia Parroquial de San Esteban Protomártir de los siglos xv–xvi y declarada Bien de Interés Cultural, que cuenta con la particularidad de ser una de las más grandes de España de una sola nave.

Trayecto Cenicientos—Villa del Prado

La mitad de este trayecto significará «desandar» el camino recorrido desde Cadalso de los Vidrios, donde tomamos el desvío a la derecha en la M-507 dirección Villa del Prado. La localidad se nos aparece en la falda de la ladera, en las estribaciones de los montes que rodean el valle de la Subzona de San Martín de Valdeiglesias. Eran estas tierras críticas durante la dominación musulmana por ser obligado lugar de paso entre la submeseta norte y la sur; en 1078 Alfonso VI la conquistaría definitivamente siendo probable que desde entonces sus afamadas viníferas volvieran a ser dedicadas a la elaboración de vinos bajo el amparo de los monjes de la zona.

Parada Villa del Prado

La riqueza del patrimonio histórico-artístico de Villa del Prado comienza en su mismo trazado urbanístico que conserva el aspecto original de la arquitectura popular castellana, desde las casas blasonadas hasta el edificio del Ayuntamiento del siglo xvii. Igualmente, y además de sus ermitas —la más antigua del Cristo, la de Santa Lucía, y la de la Poveda—, se recomienda visitar la

Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol, construida entre los siglos xv y xvi, y que en 1980 es declarada Bien de Interés Cultural. De sus dos torres cabría realizar mención a la Torre del Campanario, del xvi, en cuya construcción trabajaron Hernán González de Lara, Maestro Mayor de la Catedral de Toledo, y Pedro de Tolosa, aparejador de cantería del Monasterio de El Escorial.

Su interior de una sola nave tiene bóvedas góticas de crucería y coro renacentista. Transparente barroco. Posee cinco retablos con imaginería barroca con esculturas y pinturas. Órgano del siglo xviii en funcionamiento y pinturas al fresco de los siglos xv al xviii recientemente descubiertas y rehabilitadas. Los frescos con motivos sacros y civiles, la yesería gótica tras en retablo mayor, las pinturas de dragones en los nervios de las bóvedas o los restos históricos como las bulas papales de los siglos xv y xvi, en perfecto estado de conservación, son algunos de los hallazgos más destacados, que en la mayoría de los casos constituyen ejemplos únicos en el patrimonio histórico-artístico madrileño.

Otros lugares que merecerían ser visitados son la Ermita del Cristo de la Sangre, siglo xvi, la Ermita de Santa Lucía y la Ermita de la Virgen de la Poveda, ampos del xvii.

Bodegas: hay dos bodegas de la D.O. Vinos de Madrid, aunque por el momento no se encuentran adscritas a Madrid Rutas del Vino.

Itinerario 2

Pelayos de la Presa—San Martín de Valdeiglesias
Por Pinar de Las Moradas: M-541 & N-403
12,8 km | 17 min

San Martín de Valdeiglesias—Cadalso de los Vidrios
Por Torres de Guisando: N-40 & Calle del Arco
14,2 km | 18 min

Cadalso de los Vidrios—Cenicientos
Avenida de Madrid
5,9 km | 9 min

Cenicientos—Villa del Prado
Avenida de Madrid—M-507
20,8 Km | 25 min


Localidades: Pelayos de la Presa, San Martín de Valdeiglesias, Cadalso de los Vidrios, Cenicientos, Villa del Prado.
Bodegas: Bodega Alberto Ayuso, Bodega Las Moradas de San Martín, Bodega Marañones, Bodega Aumesquet Garrido
Distancia: 71,7 km | 54 min.
Longitud: 53,7 km