RUTAS CULTURALES MADRID ENOTURISMO

Camino de reyes

Aunque muchas fueron las villas que disfrutaron del favor real, es la ruta entre Navalcarnero y Aranjuez la que mejor dibuja el tránsito de Austrias a Borbones.

Que los Austrias fueron los reyes de medio mundo, escrito está en los anales de la historia europea: si a comienzos de nuestra era los romanos fueron los responsables de propagar su cultura por el Mediterráneo, es con la dinastía de los Austrias cuando España, armada con la espada y la cruz y un ejército de expertos navegantes, disemina su lengua y sus costumbres más allá de los confines oceánicos.

Y es que tan cierto es que el Imperio Romano implantó su cultura allá a donde sus legiones llegaron, como que los Austrias, en su afán imperialista, aplicaron iguales métodos en todas y cada una de sus incursiones territoriales. Eran tiempos de luces y sombras que hoy, re-leídas desde cualquier posicionamiento intelectual, continúan provocando acaloradas discusiones.

Allende los mares, el oro se cargaba a bordo de carabelas para financiar nuevas operaciones militares que permitirían al Imperio expandirse y mantener su poder. Aquí, el campo español comenzaba a experimentar con los exóticos productos traídos de América: la patata, el tomate, el pimiento, el maíz, los plátanos, el cacao o el tabaco, provocaron una auténtica revolución agraria y gastronómica inimaginable hoy en día. Sin embargo, no encontró España en las tierras del «Nuevo Mundo» bebida semejante al vino. La corte de los Austrias, llevada de Toledo a Madrid por Felipe II, seguiría nutriendo sus despensas de los viñedos Europeos: los caldos del Rhin eran los preferidos, aunque el resto de su corte servía sus tazas con caldos venidos de Pinto, Valdemoro, Somonte o Torrejón de Velasco.

Inicio de ruta: Navalcarnero

Fue Navalcarnero la localidad elegida en 1647 por Felipe IV, el «Rey Planeta», para contraer nupcias con su sobrina la archiduquesa Mariana de Austria, tan sólo tres años después de la muerte de su primera esposa, Isabel de Borbón e hija de Enrique IV de Francia. Tras más de dos décadas enfrascado en batallas con media Europa, en 1659 nombra valido a Luis Méndez de Haro, sobrino del Conde Duque de Olivares, y le encarga la ardua tarea de terminar con los conflictos interiores y alcanzar la paz en Europa.

La población de Navalcarnero, tras varias décadas en compás de espera y después de que el prestigioso seminario de jesuitas que atraía a novicios provenientes de otras comarcas se hubiera trasladado a Madrid en 1600, recibió de muy buen grado las velaciones del monarca. Independizada de la ciudad de Segovia y con jurisdicción propia dese 1627, con motivo de tan importante cita será elevada con el título de «Villa Real» por el monarca y en agradecimiento a la ayuda prestada en la acogida del evento.

A penas un año después de tal fecha pintaba Velázquez, recién llegado desde Sevilla a la Corte de Felipe IV, su famoso lienzo El triunfo de Baco —también conocido como Los Borrachos—, un de las obras maestras de la pintura española y alegoría de la cultura del vino tomado desde ambas perspectivas, la mitológina y la profana, y que hoy puede contemplarse en el Museo Nacional del Prado en Madrid.

Encontrará el visitante que por primera vez visite la localidad una gratas sorpresas, pues Navalcarnero ofrece todo aquello que uno busca cuando se dispone a explorar un lugar: una hermosa plaza, un museo del vino, un centro de interpretación en el que revivir la historia, dos bodegas abiertas al público, restaurantes donde degustar sus famosos cocidos y sus asados, y alojamiento para dar descanso al cuerpo.

Trayecto: Navalcarnero—El Álamo

No siendo Navalcarnero villa hasta 1499, sus tierras circundantes sí fueron identificadas como propicias para el cultivo de la vid por la ciudad de Segovia, pidiendo a cinco de los vecinos de Perales que labraban sus tierras se desplazaran al lugar para fundar la localidad. El consumo de vino en la corte de los Austrias crecía año tras año ya desde el reinado de Felipe III, mientras la economía del Reino diezmada por las guerras en Europa, propiciaba el pillaje y la corrupción entre los guardianes de las tinajas de Palacio. Su personal, falto de ingresos con los que mantener su estatus, se dedicaba a sustraer el vino de Palacio y venderlo bajo cuerda. En 1654 Felipe IV «ordena a sus servidores cerrasen sus tabernas», sujetos a la justicia ordinaria en caso de desobediencia.

Parada: El Álamo

No logran los Austrias cortar la corrupción entre sus administradores y en este escenario de penurias económicas, prosperaron los caldos de provincias más al sur, algo más baratos de precio. Cruzaremos caminos secundarios a las vías de comunicación principal con el empeño de rememorar tiempos lejanos en que los monarcas se desplazaban en carruajes de caballos y el pueblo llano en carretas tiradas por mulas o simplemente a pie. Largos recorridos que necesitaban de adecuadas paradas, muchas de ellas bajo la forma de las conocidas como «ventas» flanqueando la ronda.

El origen de esta localidad es la denominada Venta de Toribio Fernández Montero, señorío Chacón desde que Isabel «La Católica» le concediera a su mayordomo estas tierras señoriales dos días después de ser coronada. Es el propio Gonzalo Chacón quien rebautizaría a la localidad como «El Álamo», que hoy tiene casi 10.000 habitantes.

Trayecto: El Álamo—Aranjuez

La vía que une la Villa Real de Navalcarnero y el Real Sitio de Aranjuez cruza dos subzonas de producción, Navalcarnero y Arganda, pero también recorre algunos terrenos al sur que han quedado hoy entre ambas, espacios que en su día fueron importantes lugares dedicados al cultivo de la vid como Pinto o Valdemoro.

En la época de los Austrias, se usaba el dicho «embozarse en Pinto», siendo «embozar» sinónimo de cubrirse el rostro por la parte inferior hasta la nariz o hasta los ojos, expresión coloquial equivalente a ir algo borracho. Tiene también sus orígenes entonces el todavía hoy utilizado «estar entre Pinto y Valdemoro», que parece proviene de un borrachín que saltaba de un lado a otro el arrollo que a ambas localidades separaba, gritando «ahora estoy en Pinto, ahora en Valdemoro». Cayendo en uno de los intentos al agua exclamó «ahora estoy entre Pinto y Valdemoro».

Los vinos de Valdemoro tenían en aquella época gran calidad, tanta que muchos comerciantes que compraban al por mayor vinos de Toledo, los llevaban a Valdemoro para venderlos al por menor como vinos de la tierra. Fueron aquellos caldos, principalmente de las variedades blancas de Airén y Malvar, los que posiblemente fueran retratados en el lienzo de Velázquez.

Fin de ruta: Aranjuez

El final de la ruta El Tajo y los vinos de la Orden de Santiago llega también hasta las inmediaciones de la localidad de Aranjuez, antiguo poblado de Aranz que los Maestres de la Orden de Santiago hicieron crecer y en cuyo palacio los Reyes Católicos encontraron lugar de recreo y esparcimiento a orillas del Tajo.

Felipe II será quien le otorgue el título de Real Sitio prohibiendo con ello los nuevos asentamientos, norma que no se levantaría hasta el reinado de Felipe VI mediada la centuria del xviii, permitiendo con ello el desarrollo de su urbanismo. Con el tiempo, se crearían paseos arbolados, fuentes y jardines como el del Príncipe y en cuyo interior Carlos IV mandó construir la Casa del Labrador, la de Los Marinos, o los palacios de Godoy y el de los Duques de Medinaceli.

Fue Felipe II, promotor de las más reseñables obras arquitectónicas del barroco español, el responsable del encargo a Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera, arquitectos de El Escorial, de la construcción de un palacio en Aranjuez en 1561. Tras dos incendios, en 1600 y 1667 respectivamente, las obras permanecieron paradas hasta bien entrado el xviii: si el primer proyecto es de mediados del xvi, el trazado actual de principios del xviii y la fachada de mediados del mismo siglo, las dos alas laterales y la capilla pública datan del los tiempos de Carlos iii, aclamado popularmente como «el mejor alcalde de Madrid»:

Fue precisamente durante el reinado de éste —Rey de España, Nápoles y Sicilia—, cuando el ministro José de Gálvez creó las Sociedades Económicas de Amigos del País, un impulso a la reforma agraria que conllevaría un reparto más equitativo de la tierra. También fueron fruto de su reinado los planes industriales de las manufactureras de objetos de lujo como la Porcelana del Buen Retiro, los Cristales de la Granja o la Platería Martínez junto a El Retiro. También las fuentes de Cibeles, Neptuno, el Real Jardín Botánico, El Hospital del San Carlos —hoy MNCARS, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía—, y el edificio del Museo del Prado pueden ser contabilizadas en su legado. En Aranjuez, las impresionantes bodegas del Real Cortijo de San Isidro, creadas también para elaborar sus vinos y únicas en España, esperan al visitante como parte de esta ruta.

La otra bodega que se puede visitar se encuentra dentro de la reserva de El Regajal Mar de Ontígola, un espacio natural protegido por tener elementos botánicos y mariposas endémicas muy amenazadas y de extraordinario valor botánico. Demostrado queda que Aranjuez sea una de las estrellas del listado de la UNESCO de los Paisajes Culturales Patrimonio de la Humanidad, a la que entró a formar parte en 2001.

Itinerario 4

Navalcarnero—El Álamo
M-404
7,6 km | 13 min

El Álamo—Aranjuez
Por Griñón: Calle de la Amistad & M-224
48,4 km | 48 min


Localidades: Navalcarnero, El Álamo, Aranjuez.
Bodegas: V de Valmores, Bodega y Viñedos Gosálbez Orti (Qubél), Bodegas Orusco
Distancia: 35,1 km | 29 min.
Longitud: 55,7 km