Morata de Tajuña

 

 

Morata de Tajuña, municipio ubicado en pleno valle del Tajuña, se encuentra a escasos 35 kilómetros de distancia de Madrid. Su población, que asciende de forma aproximada a 7.550 habitantes, ha sabido conservar su esencia rural, manteniendo un fuerte vínculo con el cauce del río al que debe su nombre. Observando su casco urbano, podremos apreciar conjuntos arquitectónicos civiles, religiosos y tipologías de viviendas de carácter popular, especialmente aquellas vinculadas a las necesidades agrícolas.

Entre sus edificios de carácter civil, son de visita obligada el Ayuntamiento, uno de los más bellos de la Comunidad de Madrid, y el edificio de la familia Mac-Crohón, una imponente casa-palacio que ha vivido azarosamente el paso del tiempo. Aunque hoy en día no podamos disfrutarlo en todo su esplendor, es importante reseñar la existencia del Antiguo Palacio del Marqués de Leganés, principal edificio de interés histórico-artístico del municipio hasta el siglo XX.

Los edificios de carácter religioso más importantes de Morata de Tajuña  son la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Concepción, auténtica joya del patrimonio histórico-artístico morateño, y la Ermita de Nuestra Señora de la Antigua, patrona del municipio. De notable interés son también la Ermita de la Virgen de Fátima, la Ermita del Santo Cristo de la Sala y la Ermita de San Isidro, ubicada en un entorno incomparable.

Dentro del ámbito museístico, en Morata de Tajuña pueden visitarse tres museos: el Museo de la Molinería, el Museo Etnológico y el Museo de la Batalla del Jarama. El Museo de la Molinería conserva el único molino del siglo XVIII en funcionamiento en la Comunidad de Madrid, a la par que una interesante labor museográfica en la que se puede disfrutar de visitas guiadas y de un vídeo introductorio donde conocer de primera mano la labor y el oficio del molinero.

El otro conjunto importante está compuesto por el Museo Etnológico y el Museo de la Batalla del Jarama, que comparten espacio museográfico dentro del Mesón del

Cid. El primero de ellos se compone de siete salas dedicadas a la agricultura, los oficios y la etnografía, con una colección de objetos que abarca desde el siglo XVIII al siglo XX. Por su parte, el Museo de la Batalla del Jarama –también conocido como Museo de la Guerra Civil- es un conjunto único en el que poder admirar una amplia colección de objetos procedentes del mismo campo de batalla, así como una exhaustiva recopilación de documentación tanto escrita como fotográfica sobre dicho acontecimiento.

Especial atención merece La Vía Verde del Tajuña, pionera dentro de la Comunidad de Madrid. A lo largo de 49 kilómetros, el visitante puede recorrer gran parte de la Vega del Tajuña en una ruta cerrada al tráfico y adaptada a todo tipo de viajeros. Se trata, por tanto, de un entorno incomparable donde poder practicar el ciclismo y el senderismo, al mismo tiempo que el visitante se deja seducir por la naturaleza, las costumbres y las tradiciones de cada una de las localidades que salen a su paso. Los visitantes que quieran disfrutar de los beneficios del turismo deportivo encontrarán en Morata de Tajuña múltiples opciones, tales como el rocódromo o el parque de calistenia, entre otros.

Morata de Tajuña puede presumir de ser un destino gastronómico de primer orden dentro de la Comunidad de Madrid, como así lo atestiguan la calidad de los productos de la región y los múltiples reconocimientos que sus templos gastronómicos han recibido durante décadas. Conocida la vega de Morata de Tajuña como la Huerta de Madrid, sus frutos garantizan la frescura y el sabor más genuinos. Merecido reconocimiento merecen también otros productos autóctonos como los ajos, el aceite o el vino, cuya calidad ha sido reconocida con numerosos premios para Bodegas Licinia. Dentro del terreno de la repostería, sus “palmeritas” han obtenido una merecida fama a nivel nacional, recibiendo a múltiples visitantes atraídos por su inigualable sabor.

No podríamos referirnos a Morata de Tajuña sin aproximarnos a la riqueza de sus tradiciones, que marcan el devenir de este municipio. Entre sus festividades, destacan aquellas relacionadas con la labor agrícola y con la tradición religiosa, aunque también hay lugar para festejos de carácter más profano. Sin duda alguna, la más célebre y afamada de todas ellas es la Semana Santa de Morata de Tajuña, especialmente la representación de la Pasión Viviente de Jesús. Este acontecimiento, cuyos orígenes se remontan a 1987, tiene el reconocimiento de Bien de Interés Turístico Regional desde el año 2001. Asimismo, se trata de la única que puede presumir de contar con la Bendición Apostólica de su Santidad para todos los actores, colaboradores y visitantes.

Museo de la Molinería
En la Comunidad de Madrid, en las zonas cercanas a los principales cursos fluviales se conservan restos de viejos molinos que en el pasado tuvieron un papel protagonista en la vida de los pueblos.
En el valle del Tajuña, al menos desde el siglo XII, se documenta la existencia de una importante red de molinos harineros hidráulicos que recorría el curso natural del río y que se mantuvieron en activo hasta los años sesenta del siglo pasado.
El Molino de la Huerta de Angulo es uno de estos molinos del Tajuña que, durante siglos, suministraron de harina a los pueblos de Las Vegas. El actual edificio data de principios del siglo XVIII, aunque se intuye la existencia de una edificación anterior que podría datar de dos siglos antes.
Con dos cuerpos superpuestos, el central contiene de mecanismo de molturación. Las dos alturas culminan en una cubierta de teja cerámica a cuatro aguas.
El edificio tuvo distintos propietarios y arrendatarios, siendo conocido a lo largo del tiempo como Molino de Abajo o Molino de la Huerta de la Vega, cuando pertenecería a la casa de Altamira, poseedora del señorío de Morata y propietaria también del batán de paños de la isla Taray.
En 1888, fue reformado por Diego María Jarava, mejorando sus prestaciones y relegando al abandono a otro artefacto del municipio, el Molino Hundido.
Pero fue a comienzos del siglo XX cuando la familia Mac Crohon amplió sus instalaciones con una turbina para la generación de energía eléctrica, que dio origen a la chimenea que ahora preside el edificio y que prestó servicio hasta el año 1984, cuando cayó en desuso.
Salvado de la ruina por iniciativa municipal, que adquirió el edificio y se propuso no solamente restaurarlo, sino dotar al viejo molino de una nueva y mejorada etapa de actividad, fue transformado en museo. Obsequiándole no sólo con todo aquello que lo hizo necesario en el pasado y que había perdido (su maquinaria y su funcionamiento) sino también de un nuevo y aún más importante carácter: el didáctico.
La adquisición del Molino por parte del Consistorio, en 1998, es una parte más del proceso de recuperación de los valores históricos, culturales y turísticos que puede ofrecer el enclave de Morata de Tajuña.
El Museo se divide en dos plantas repletas de maquinaria, elementos y aperos de molienda, y cartelas explicativas del proceso de su funcionamiento.
Una vez introducido el trigo entre las piedras molederas, protegidas por el guardapolvo para evitar su derrame, las incisiones practicadas en la superior dirigían el trigo molturado hacia la salida y al harnal o directamente a un saco o costal.
Al margen del trabajo fundamental de reparación y mantenimiento de todas las piezas y componentes del molino harinero, su responsable también debía hacerse cargo de la limpieza de las acequias del mismo para facilitar el máximo aprovechamiento del caudal de agua, no siempre abundante en todas las épocas del año.
Horario:  Sábados, domingos y festivos de 11.00 a 14.00 horas por las mañanas y de 16.00 a 19.00 horas durante las tardes. Entrada gratuita
AVISO: Permanecerá cerrado en verano (julio, agosto y hasta el 15 de septiembre) y desde el 15 de diciembre al 15 de enero

Museo de La Batalla del Jarama
En Morata de Tajuña se ubica uno de los pocos museos de España dedicados a la Guerra Civil Española, el Museo de la Batalla del Jarama. Una cápsula del tiempo en la que se pueden ver cientos de objetos personales, salvoconductos, cartillas de racionamiento, mapas, fotografías, octavillas, cascos atravesados por balas, morteros, restos de latas de comidas, mecheros, armas, cañones, botellas, periódicos de la época, monedas o billetes que Gregorio Salcedo fue rescatando del olvido de los campos de labranza y olivares cercanos a Morata, en un homenaje a aquellas familias que, como ya suya, subsistieron en la Postguerra gracias a la chatarra que generó la primera batalla moderna de la Historia.
Durante dos décadas, estos objetos, algunos donados por familiares vinculados sentimentalmente con la batalla y otros adquiridos por el propio Salcedo, hacen un repaso de la contienda, pero no sólo desde el punto de vista militar o ideológico, sino, y de forma más importante, de cómo era la vida de los miles de soldados de ambos bandos que pelearon desde aquel mes de febrero de 1937 y hasta el final de la guerra.
Un museo que, como reconoce su creador, “hace llorar”, pero también instruye a las nuevas generaciones sobre un episodio borrado de la Historia de España. Ocho salas de exposición presididas por la escultura ‘Tributo desgarrado en metralla del Jarama’ en las que se muestra el valor histórico de objetos, personajes y hechos sin ninguna pretensión ideológica.
Lugar: C/ Carmen, 16 (Mesón Restaurante ‘El Cid’)
Horario: Sábados, domingos y festivos de 12 a 14 horas y de 16 a 18 horas.
Visitas guiadas para grupos

Museo Etnológico
Situado en las instalaciones del Mesón ‘El Cid’, el Museo Etnológico (así como su anexo dedicado a la Guerra Civil) es una muestra más del tesón y empeño de los morateños por no perder ninguno de los vínculos que durante siglos mantuvieron con las tierras de la vega del Tajuña.
Un museo creación la familia Atance en el que lo cotidiano de tiempos pasados se pone en valor, albergando en sus salas fragmentos de Historia que, datados entre el siglo XVIII y el XX, alguna vez tuvieron su propia historia.
A través de carruajes, tinajas, aperos de labranza, la bodega, útiles de cocina o maquinaria agrícola, el visitante podrá recordar o descubrir cómo era la vida del medio rural español en el siglo pasado. Una vuelta al pasado con reproducciones de la típica cocina castellana o incluso del interior de una escuela de los primeros años del franquismo.
Lugar: C/ Carmen, 16 (Mesón Restaurante ‘El Cid’)
Horario: Sábados, domingos y festivos de 12 a 14 horas y de 16 a 18 horas.

Para más información visitad la web de su Ayuntamiento